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sábado, 26 de noviembre de 2011

A las Puertas del Holocausto. Una Historia que no se conto completa

¿Corderos hacia el matadero?
A las puertas de un holocausto: En 1962, la URSS desplegó en Cuba material nuclear
equivalente a 5.198 bombas como la de Hiroshima
por MARIO A. MARTí BRENES, Zaragoza



La Crisis de los Cohetes, del Caribe o de Octubre -como se le quiera llamar-, fue sin lugar a dudas el evento más grave de la Guerra Fría, a tal extremo que constituyó un punto de inflexión en el enfrentamiento entre las dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética. Durante dos semanas, del 16 al 28 de octubre de 1962, el mundo experimentó un período de peligro inédito.

A la mayoría de los cubanos que vivieron aquellos días en la Isla, les quedó siempre en la memoria el temor padecido entonces, cuando se pensaba que era irreversible la posibilidad de un holocausto nuclear. También se experimentó una especie de dignidad nacional herida, cuando existía el convencimiento de que la dirección soviética había traicionado un acuerdo con el país, el cual -se ignoraba entonces- nunca existió. La gente respondía a la manipulación de la información, el ocultamiento y la reinterpretación que la dirigencia cubana hiciera sobre buena parte de los hechos, en provecho de sus intereses políticos.En 1962, la población de Cuba ya no tenía acceso a medios de prensa alternativos a los oficiales; las estructuras de la sociedad civil habían sido demolidas; no se disponía de un parlamento, ni de mecanismos reales de participación. Se mantuvo "informada" -y engañada- por lo que exclusivamente decían sus gobernantes, confiando en una dirigencia a la cual se le brindó un apoyo mayoritario en aquel momento.Investigaciones posteriores han sacado a la luz libros, testimonios y documentos de la parte norteamericana, la soviética y algo de la cubana. Las conversaciones tripartitas iniciadas a fines de los años ochenta entre Washington, La Habana y Moscú, con testigos presenciales de los días de la Crisis, han revelado buena parte de la historia ocultada por el gobierno cubano sobre aquellos hechos.No se trata ahora de emprender el relato pormenorizado de la Crisis, ni de analizarla desde sus múltiples posibilidades, sino de destacar, a grandes rasgos y a partir de investigaciones realizadas en la Isla y fuera de ella, desde 1989 hasta hoy, algunos datos acerca del despliegue militar soviético en Cuba. A sabiendas de que muchos de estos elementos son ignorados todavía por buena parte de la población.¿Acuerdo militar con la URSS?Aunque en la literatura cubana sobre la Crisis se habla insistentemente de un acuerdo suscrito por los mandatarios de Cuba y la URSS para el despliegue de armas estratégicas en territorio cubano, el original o copia fiel de ese acuerdo no ha aparecido en los archivos cubanos -ni tampoco en los de Rusia-. De testimonios posteriores se desprende que todo quedó en negociaciones y que un documento final nunca fue firmado. Es decir, el despliegue militar de la URSS en territorio nacional cubano no tuvo un basamento de acuerdo escrito y firmado por los dos países.Entre los hechos, se habla de la llegada secreta a la Isla, el 29 de mayo, de una delegación La Crisis de los Cohetes, del Caribe o de Octubre -como se le quiera llamar-, fue sin lugar a dudas el evento más grave de la Guerra Fría, a tal extremo que constituyó un punto de inflexión en el enfrentamiento entre las dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética. Durante dos semanas, del 16 al 28 de octubre de 1962, el mundo experimentó un período de peligro inédito.

A la mayoría de los cubanos que vivieron aquellos días en la Isla, les quedó siempre en la memoria el temor padecido entonces, cuando se pensaba que era irreversible la posibilidad de un holocausto nuclear. También se experimentó una especie de dignidad nacional herida, cuando existía el convencimiento de que la dirección soviética había traicionado un acuerdo con el país, el cual -se ignoraba entonces- nunca existió. La gente respondía a la manipulación de la información, el ocultamiento y la reinterpretación que la dirigencia cubana hiciera sobre buena parte de los hechos, en provecho de sus intereses políticos.En 1962, la población de Cuba ya no tenía acceso a medios de prensa alternativos a los oficiales; las estructuras de la sociedad civil habían sido demolidas; no se disponía de un parlamento, ni de mecanismos reales de participación. Se mantuvo "informada" -y engañada- por lo que exclusivamente decían sus gobernantes, confiando en una dirigencia a la cual se le brindó un apoyo mayoritario en aquel momento.Investigaciones posteriores han sacado a la luz libros, testimonios y documentos de la parte norteamericana, la soviética y algo de la cubana. Las conversaciones tripartitas iniciadas a fines de los años ochenta entre Washington, La Habana y Moscú, con testigos presenciales de los días de la Crisis, han revelado buena parte de la historia ocultada por el gobierno cubano sobre aquellos hechos.No se trata ahora de emprender el relato pormenorizado de la Crisis, ni de analizarla desde sus múltiples posibilidades, sino de destacar, a grandes rasgos y a partir de investigaciones realizadas en la Isla y fuera de ella, desde 1989 hasta hoy, algunos datos acerca del despliegue militar soviético en Cuba. A sabiendas de que muchos de estos elementos son ignorados todavía por buena parte de la población.

¿Acuerdo militar con la URSS?

Aunque en la literatura cubana sobre la Crisis se habla insistentemente de un acuerdo suscrito por los mandatarios de Cuba y la URSS para el despliegue de armas estratégicas en territorio cubano, el original o copia fiel de ese acuerdo no ha aparecido en los archivos cubanos -ni tampoco en los de Rusia-. De testimonios posteriores se desprende que todo quedó en negociaciones y que un documento final nunca fue firmado. Es decir, el despliegue militar de la URSS en territorio nacional cubano no tuvo un basamento de acuerdo escrito y firmado por los dos países.Entre los hechos, se habla de la llegada secreta a la Isla, el 29 de mayo, de una delegación soviética encabezada por Sharaf Rashidovich Rashidov, portadora de la propuesta de colocar cohetes nucleares en Cuba -después de haber sido aprobada por el Presidium del Comité Central (CC) del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS)-, y quien, desplegando no poca astucia, lo presentó al gobierno de la Isla como un simple ofrecimiento, aunque la futura operación militar ya estaba meticulosamente organizada.Incluso se intentó, sin éxito, estimular a los cubanos para transformar la propuesta soviética en solicitud cubana. Fidel Castro trató de convertir el ofrecimiento en un documento escrito, y con ese propósito viajó Raúl Castro a la URSS, entre el 3 y el 16 de julio, con el encargo de negociar condiciones jurídicas favorables para Cuba.
Sin haber llegado a conclusiones, el 7 de julio, Nikita Jruschov y el mariscal Rodion Malinovsky impartieron órdenes pertinentes a un grupo de altos jefes militares soviéticos para el inicio y ejecución de la operación de instalación de misiles nucleares en la Isla. Raúl regresaría a Cuba sin nada concreto. El 11 de agosto llegó a La Habana Alexandr I. Aliexiéyev, en calidad de nuevo embajador, quien traía consigo el proyecto de convenio militar. De acuerdo con una intervención de Fidel Castro ante el CC del Partido Comunista de Cuba (PCC) en enero de 1868 -publicada fuera de la Isla, en el libro de James Blight y Phillip Brenner, Sad and Luminous Days (2002)-, cuando el Comandante examinó la propuesta soviética de convenio detectó muchas "chapucerías" y no la aceptó:
"En este período teníamos tremenda fe en la Unión Soviética. Pienso que quizás demasiada. Muchas cosas se negociaban, nosotros no exigíamos papeles ni nada […] Enviaron, [los soviéticos] entonces, un proyecto de acuerdo que sería publicado en el momento oportuno [en noviembre o diciembre de 1962, cuando Jruschov decía visitaría Cuba] en el que se anunciaría la instalación de los misiles. Y si hay algo que lamento es no haber conservado este documento [el texto traído por los soviéticos], porque era la nulidad más increíble que alguna vez se hubiera escrito […] Su documento, que no tenía nada de político, era la obra de burócratas estúpidos. Fuimos nosotros los que redactamos, de puño y letra mío, el acuerdo que luego se presentó a la Unión Soviética. Lo firmamos [Fidel y Raúl Castro; porque Jruschov y Malinovsky, no se sabe], pero ellos nunca nos lo devolvieron. Y nuestra confianza ilimitada resultó ingenuamente víctima de todas estas sutilezas que éramos incapaces de concebir".
Castro envió el 27 de julio a Ernesto Che Guevara con el proyecto de Aliexiéyev corregido de su puño y letra. Al parecer, Guevara regresó con las manos vacías también. Todo parece indicar que la parte soviética eludía la cuestión política y jurídica fundamental que justamente preocupaba a la dirección cubana, y las tropas de la URSS con misiles nucleares estratégicos comenzaron a desembarcar en la Isla, sin que existiera un basamento jurídico que reglamentara su presencia.

Despliegue de las tropas

Existen varios documentos en los que salta a la vista la relativa autonomía que tuvo la Operación Anadyr -nombre que se dio al despliegue de las tropas-, ya en manos de los militares soviéticos. Tanto Jruschov como Castro parecen no haber estado al tanto de todas las decisiones en la Isla del Ministerio de Defensa de la URSS.
Varios participantes y especialistas en la Crisis se han referido al papel principal desempeñado por los militares soviéticos, así como al desconocimiento de muchos aspectos militares de ese proceso, incluso por parte de la dirección política de la URSS, encabezada por Jruschov. De acuerdo con un testimonio -que linda con la soberbia- de Jorge Risquet Valdés-Saldaña, representante del gobierno cubano en las reuniones tripartitas de análisis de la Crisis de los Misiles, se corrobora lo dicho anteriormente:
"…las rampas móviles de lanzamiento de misiles de ojivas nucleares tácticas, sin emplazamientos fijos, y por lo tanto, prácticamente indetectables por el reconocimiento aéreo enemigo, siempre estuvieron listas. La orden para su utilización era potestad de los jefes soviéticos en Cuba y no dependía de Moscú".
Desde antes que la dirección cubana supiera del propósito soviético de instalar cohetes en la Isla, o respondiera afirmativamente a su ofrecimiento, ya en el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de la URSS se había comenzado a trabajar en mapas del territorio cubano para elegir los posibles lugares o áreas donde desplegar los grupos coheteriles, así como las tropas necesarias para su seguridad y defensa.
El 10 de julio arribó a La Habana el grupo operativo de la Agrupación de Tropas Soviéticas (ATS), encabezado por el general de ejército I. Plíyev, quien venía investido con muy amplios poderes. Al siguiente día, Fidel Castro se reunió con ellos para darles la bienvenida y ofrecerles toda la cooperación que fuera necesaria en el éxito de su misión. Inmediatamente, los militares soviéticos iniciaron sus trabajos de reconocimiento para ubicar y desplegar las unidades, con la cooperación de oficiales cubanos en calidad de guías para ayudar a resolver cualquier problema que se pudiera presentar.
No obstante, las tropas soviéticas habían viajado con todo el personal de apoyo necesario, incluso con albañiles, lo cual refleja la muy limitada cooperación operativa a la que aspiraban con las fuerzas cubanas. El caso de las unidades coheteriles ilustra esto, en tanto el perímetro del área de cada grupo estuvo rodeado de una cerca de alambre de púas con postes, cuya seguridad estuvo a cargo de los soviéticos, quienes, a cierta distancia, construían garitas de vigilancia y puntos de control en las entradas. Los cubanos no podían pasar la cerca.

Composición de la ATS

La ATS en Cuba estuvo compuesta por una división coheteril con cinco regimientos, más cuatro regimientos de infantería motomecanizada, tres de los cuales tuvieron agregado un grupo de cohetes. La Fuerza Aérea contaba con un regimiento de caza, uno de 6 bombarderos ligeros -con una bomba atómica por avión de 6 kilotones cada una- y dos regimientos de cohetes frontales alados, tipo crucero tierra-tierra, de corto alcance y con ojivas nucleares.
Integraron la Defensa Antiaérea: dos divisiones coheteriles con cohetes tierra-aire; y las Fuerzas Navales: una brigada de lanchas coheteras, un regimiento de cohetes alados tierra-mar, de hasta 80 kilómetros de alcance y compuesto por cuatro grupos con dos rampas cada uno, más un regimiento de bombarderos tácticos IL-28 y siete submarinos diesel dotados cada uno con tres cohetes y cuatro torpedos también nucleares, con ojivas de entre 8 y 10 kilotones.
Se ha sabido de la presencia de por lo menos un submarino nuclear, pero lo retiraron con el reactor dañado. Cuatro naves de este tipo fueron destinadas a la ATS. La Agrupación contaba además con varias unidades independientes de aseguramiento combativo. Entre estas últimas, un regimiento de comunicaciones y seis batallones independientes de tanques, zapadores, reconocimiento, radio y microondas.
Además, se estableció un órgano de mando, capaz de dirigir con eficacia a semejante grupo independiente de tropas soviéticas, perfectamente pertrechadas, para cumplir con sus tareas combativas a 9.550 kilómetros de la URSS. Como idea, se tomó la estructura de mando de un ejército, con su jefe supremo de la ATS, el general de Ejército Issa Aliexándrovich Plíyev. Todos los demás oficiales eran soviéticos.
El territorio nacional ocupado se extendió desde Pinar del Río hasta Guantánamo, incluyendo el actual municipio especial Isla de la Juventud.
Los dos regimientos de cohetes balísticos de alcance intermedio se situaron en las Alturas del Esperón, ubicadas entre los municipios de Caimito y Guanajay, en la provincia de La Habana, y en Bartolomé y Remedios, este último de Villa Clara. Los tres regimientos de cohetes balísticos de alcance medio estuvieron en las alturas de San Cristóbal, Santa Cruz de los Pinos y Candelaria, en Pinar del Río, y en Cifuentes y Encrucijada (Las Villas). El puerto principal de desembarco fue el de Mariel.
En sólo 76 días se realizó el traslado marítimo y aéreo -de forma secreta- de las tropas y medios bélicos que integraron la ATS y su dislocación en el territorio nacional. Para octubre de 1962, en la Isla se encontraban alrededor de 43.000 soldados soviéticos dotados con modernísimos armamentos y medios de combate, capaces de lanzar sobre el territorio de Estados Unidos una carga total de 67,5 mgt, equivalentes a 5.198 bombas como la de Hiroshima.
Esta enorme agrupación que se dislocó en todo el territorio cubano pudo ser imaginada, pero nunca realmente captada en su totalidad por los medios de inteligencia estadounidenses antes de producirse la Crisis (ni siquiera después). En declaraciones de Robert MacNamara posteriores a la Crisis y en las realizadas por la subcomisión del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de Estados Unidos -encargada de investigar el refuerzo militar a Cuba-, de fecha 11 de septiembre de 1963, se confirma: "El número de tropas soviéticas en Cuba fue sustancialmente subestimado en el transcurso de la Crisis. El 22 de octubre, nuestros funcionarios calculaban entre 8 ó 10 mil los soviéticos presentes…".
No fue hasta la primera Reunión Tripartita de Moscú en 1989 que los estadounidenses supieron la verdad. A pesar de la exploración de todo tipo a que fue sometido el territorio cubano, los norteamericanos nunca obtuvieron evidencias exactas del despliegue de los cohetes de alcance medio hasta mediados del mes de octubre, cuando un por ciento grande de ellos eran ya operacionales.

Un acto de irresponsabilidad

Por inexplicable que parezca, las investigaciones han demostrado que la dirección política en Cuba permitió, en 1962, el establecimiento en el país de una fuerza militar extranjera, sin haber firmado un acuerdo, ni saber los detalles de su composición o su alcance operacional.
Hay documentos que evidencian que se carecía, además, de acuerdos sobre las medidas anti-radioactivas a emplear: en qué condiciones debía combatir la infantería al dispararse artefactos atómicos que explotarían a 45 kilómetros de la tropa. Ni siquiera se les informó a los jefes de las distintas armas del ejército cubano la presencia de armas nucleares tácticas en el teatro de operaciones militares. Tampoco se tomaron medidas de protección para la población civil, que asistía a este evento como cordero llevado al matadero.
El gobierno revolucionario dirigido por Fidel Castro Ruz tomó decisiones políticas, sobre la base de la defensa del proyecto revolucionario y del territorio, que pusieron la Isla en manos de militares extranjeros, en este caso, soviéticos, cuando era más alta la campaña nacionalista contra la injerencia extranjera, a partir del conflicto con EE UU posterior a Bahía de Cochinos.
El hecho de poner en potestad de los soviéticos la defensa del país, en plena Guerra Fría, no fue sólo un acto de irresponsabilidad para con las vidas de los millones de cubanos (y no cubanos) que hubieran perecido en un conflicto nuclear, sino que significó la renuncia al principio de no injerencia que se blandía entonces. En lugar de una sola base extranjera, localizada en Guantánamo, la isla toda se convirtió en una base soviética, sobre la que no había control, ni poder de decisión, como demostró el desarrollo y posterior conjuro de la crisis.
La irresponsabilidad del gobierno cubano de permitir la instalación de armas estratégicas nucleares en el territorio nacional, bajo las condiciones decididas por los militares de la URSS y aceptadas por la dirección política de Cuba, condujo al desarrollo de una crisis, en la cual la dirección política cubana no tuvo potestad para su solución, ni siquiera en la etapa negociadora, porque desde el inicio constituyó una situación fuera de su dominio.
Pero la irresponsabilidad política implicó también que se optara por el holocausto, sin alternativas para toda Cuba y buena parte de la humanidad, por no aceptar una negociación.
Fidel Castro, en carta a Jruschov, le pidió que diera el primer golpe nuclear: "la Unión Soviética no debería nunca permitir que (…) los imperialistas pudieran lanzar contra ella un primer golpe nuclear […] será el momento de eliminar permanentemente esa amenaza en un acto de legítima defensa, aunque sea una solución dura y terrible, no hay otra…".
Castro no aceptó negociaciones -como no ha estado dispuesto a emprenderlas posteriormente-, porque no está en disposición para conceder un ápice en su posición: "…honestamente asumimos la idea de que íbamos a desaparecer. Está bien, nos tocaba a nosotros hacerles pagar ese precio, pero por lo menos el mundo se libraba del imperialismo sin semejante acto tan grave e insalvable como una invasión tuviera que ocurrir, que sólo hubiera conducido a una guerra total (…) si el enemigo iba a lanzar ese tipo de ataque bajo circunstancias como esas, entonces no habría otra alternativa".

Los riesgos de un choque 'menor'

Existe además otro aspecto, no siempre valorado por los analistas en toda su dimensión, y es el riesgo al que estuvo sometida la población cubana desde el inicio de la dislocación de armas de destrucción masiva en la Isla.
Se ha señalado que en caso de estallar la conflagración, Cuba hubiera sido barrida del mapa. Pero se trataba además de los riesgos por accidente, de la posibilidad de que una bomba pudiera haber estallado por manipulación incorrecta. O de los riesgos por manipulación de las llamadas "fuerzas nucleares menores", de las cuales había misiles Sopka, FKR, Luna, lanchas coheteras… Incluso, alguna literatura señala -aunque no se ha podido comprobar- la presencia de obuses de 25 kilómetros, todos equipados con ojivas atómicas.
Cualquier choque "menor" entre los contendientes, aunque no hubiera desatado una guerra global, habría dejado a Cuba terriblemente contaminada con un costo poblacional y económico difícil de precisar hoy día. El potencial de este arsenal nuclear menor, al que la URSS no puso restricciones en cuanto a su uso, equivalía a 3.313 kilotones, lo que es igual a 16 bombas como la de Hiroshima, que hubieran explotado sobre la Isla, incluso, sin que la guerra rebasara un nivel "local".
Desde 1959 hasta la actualidad, Castro, dada su condición de líder unipersonal del proceso revolucionario en Cuba, ha tenido en sus manos la decisión sobre los asuntos militares y políticos clave del país, bajo condiciones privilegiadas de poder. En tiempos de la Crisis de Octubre -y aún hoy- la ausencia de estructuras políticas de participación en el país hacía que este poder fuera aún mayor, lo cual, unido a su vocación por los asuntos militares, lo llevó a tener un protagonismo indiscutible en todas y cada una de las decisiones adoptadas alrededor de la Crisis. A diferencia de Kennedy o del mismo Jruschov, dentro de Cuba su autoridad y decisiones no fueron confrontadas, discutidas, ni juzgadas por la dirección nacional del país, ni por su consejo de ministros, sino apoyadas o acatadas.
Sirva la revelación de investigaciones históricas sobre la realidad cubana y la desclasificación de documentos para tomar lecciones del pasado, susceptibles de ser aplicadas en el presente. El conflicto con Estados Unidos se mantiene; la dirección del país alimenta la imagen de una agresión militar potencial. Mientras subsiste la ausencia de una estructura política de participación en Cuba, la represión se ejercita sobre la incipiente sociedad civil, continúa el total control sobre la información de los ciudadanos, y la defensa de la "dignidad nacional" equivale para Fidel Castro a la preeminencia de sus ideas y la permanencia de un proyecto político sin oposición legal. Factores todos que pudieran revivir circunstancias de gravedad, como la que rodeó a la Crisis de los Misiles, pero en la Cuba actual.

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